Nada puede reemplazar el efecto y las propiedades de las plantas, incluso dentro de la casa. Una planta comunica su crecimiento, da vida e inspira alegría de vivir. Las plantas proporcionan mucho oxígeno durante el día, lo que ayuda a la concentración. Y en invierno, cuando el calentamiento deseca el ambiente, las plantas devuelven la humedad necesaria.

Además, éstas crean un clima propicio para ellas mismas, para su propio crecimiento. No debemos tampoco descuidar el aspecto visual y olfativo que trasmiten las plantas y que estimularán todos nuestros sentidos. Otra ventaja más es el relax que nos puede proporcinar una planta: ocuparse de sus plantas, puede ser una excelente escapatoria al estrés de la vida diaria. Las plantas requieren de nuestro tiempo, necesitan de nuestros cuidados, debemos estar pendientes de ellas para evitar posibles enfermedades antes de que se propaguen… todos son aspectos que seguro harán que nos olvidemos y apartemos el estrés y las prisas cotidianas.

LA ILUMINACIÓN

A la hora de escoger una planta, hay que considerar la luminosidad de la habitación donde estará colocada. En general, las variedades de follaje moteado exigen más luz que las plantas de follaje verde. Y hojas oscuras, como las drácenas o los filodendros, necesitan menos luminosidad.

CUIDADOS DE LAS PLANTAS

A las plantas les puede faltar luz. Se descoloran y las nuevas hojas son pequeñas y amarillas. Entonces tenemos que reducir la temperatura y acercarlas a las ventanas, a las cuales se habrán corrido las cortinas, para que les llegue más luz.

Por contra, hay que de nuevo descorrer las cortinas y efectuar una rotación regular de las macetas para favorecer el crecimiento uniforme de las plantas y evitar problemas causados por un exceso de luz, como un descoloramiento progresivo o la aparición de manchas.

Recomendamos regar y fertilizar más a menudo, cuando las plantas están en pleno crecimiento y reducir progresivamente el regadío y la fertilización cuando éstas están “descansando”. Atención con el agua. Tenemos que tener una cosa muy clara: hay que evitar regar poco y a menudo y dejar secarse la tierra entre riego y riego. Riega hasta que el agua fluya por los agujeros de drenaje de la maceta y quita el agua que sobra acumulada en el plato.

En cambio, a las plantas les gusta que se les vaporice en las hojas de vez en cuando. Recomendamos dejar descansar el agua unas horas antes de utilizarla para eliminar el cloro y para alcanzar la temperatura de la habitación.