A menudo digo que, en el jardín, un exceso de abono puede quemar las raíces de la planta más vigorosa. Con nuestras mascotas ocurre algo muy similar: a veces, por querer darles «lo mejor» y demostrarles nuestro amor a base de premios, acabamos comprometiendo su salud.
Hoy vamos a hablar de un tema que se nos está yendo de las manos (y de la cintura): la obesidad animal. Esa capa de «felicidad» en forma de grasa que, aunque a veces nos resulte graciosa, es en realidad un invitado muy peligroso en casa.
El «Ay, qué gordito» que sale caro
Esa redondez que a muchos les parece simpática es, técnicamente, una inflamación crónica. No es solo estética; es una cuestión de prevención de enfermedades. Un perro o un gato con sobrepeso tiene una esperanza de vida significativamente menor (hasta dos años menos, según algunos estudios).
Llevar kilos de más supone una carga brutal para:
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Las articulaciones: Imagina caminar todo el día con una mochila llena de piedras. El desgaste de cartílagos es inevitable.
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El sistema cardiovascular: El corazón tiene que bombear con más fuerza para regar un cuerpo más grande.
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El metabolismo: La diabetes felina, por ejemplo, está íntimamente ligada a esos «michelines» de los que hablamos.
¿Cómo saber si tu mascota ha pasado de «fofisana» a obesa? (El Test de las Costillas)
No hace falta ser un experto en anatomía ni tener una báscula de precisión quirúrgica. Basta con usar tus manos. En un peso ideal, deberías poder sentir las costillas de tu perro o gato al acariciar su costado, sin tener que presionar como si estuvieras buscando un tesoro enterrado.
Regla de oro: Si desde arriba tu mascota parece una mesa de centro o un tronco de madera sin cintura, tenemos un problema. Si al palpar los costados solo sientes una agradable capa de «colchón», es hora de cerrar un poco el grifo del pienso.
Operación biquini: estrategias prácticas sin dramas
Perder peso no consiste en dejar al animal pasando hambre (eso solo generará ansiedad y algún que otro mueble mordisqueado), sino en ser más listos que ellos.
El truco de la judía verde
Si tu perro o gato siempre tiene hambre, puedes sustituir una pequeña parte de su ración de pienso por judías verdes cocidas (sin sal) o calabacín. Aportan fibra, sacian y apenas tienen calorías. Es el equivalente perruno a comerse una buena ensalada antes del plato principal.
El «poker face» ante los premios

Las mascotas son expertas en chantaje emocional. Esa mirada de «no he comido en tres semanas» es su mejor arma. La prevención empieza en tu fuerza de voluntad. Si vas a darle premios por entrenamiento, descuenta esa cantidad de su ración diaria de comida.
El gimnasio en casa (incluso para gatos)
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Para perros: No se trata de correr una maratón de golpe. Aumenta los paseos 10 minutos más cada día y cambia el ritmo.
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Para gatos: El sedentarismo es su deporte favorito. Usa juguetes tipo «caña de pescar» o coloca su comida en lugares elevados para que tengan que saltar o desplazarse.
Prevención: la mejor defensa
Como experto, siempre os diré que es diez veces más fácil mantener a un animal en su peso que bajarle cinco kilos una vez que ya se ha acostumbrado a la vida sedentaria y a los extras de la cocina. Revisa las etiquetas del pienso, huye de los subproductos y cereales excesivos, y recuerda que un paseo largo es mucho más gratificante para ellos que una galleta llena de grasas saturadas.
Cuidar su peso es, en el fondo, regalarles más años a nuestro lado. Y eso no hay «chuche» en el mundo que pueda pagarlo.