La Sansevieria es una de las plantas de interior más fáciles de cultivar, casi indestructible, y se presta a la decoración verde más contemporánea.

Basta plantar muchos ejemplares de sansevierias pequeñas en unas macetas de líneas sencillas y colores claros para conseguir un efecto diferente. Además, ¡purifican el ambiente!

Tan decorativas como a prueba de descuidos (menos darles agua en exceso, tal vez lo único capaz de aniquilarlas), las sansevierias son únicas. Sus largas hojas coriáceas y puntiagudas, rígidas y planas, o cilíndricas, son su particular seña de identidad.

La variedad más conocida y popular es la Sansevieria trifasciata ‘Laurentii’, la espada de San Jorge, de largas hojas verdes planas y torsionadas, generalmente con márgenes amarillos.


Sansevierias de hojas cilíndricas

A partir de 2004 empezaron a verse las Sansevieria cylindrica, cuyas hojas surgen del rizoma a modo de lanzas en abanico (‘Skyline’) o manojos. En algunos ejemplares incluso las verás trenzadas. Son verdes o con matices grises, y muestran estrías longitudinales.

Las encontrarás de muchos tamaños. Más pequeños son los ejemplares de Sansevieria kirkii, de hojas finas y aguzadas. ¿Estas sansevierias de hojas cilíndricas te recuerdan a los espárragos? No es casual, pertenecen a la misma familia: Asparagaceae.


Cuidados: no te pases con el riego

Pocas plantas precisan tan pocos cuidados como las sansevierias. Eso sí, no intentes plantarla en la misma maceta con otras plantas: el poderoso rizoma de esta vivaz no admite compañeras de tiesto.

El riego es clave: Antes de regarlas comprueba siempre que el sustrato esté seco y no te pases con la cantidad. El exceso de agua puede causar la podredumbre del rizoma y la base de las hojas. Esta precaución ha de ser mayor en invierno, época en que es mejor no regarlas o, a lo sumo, una o dos veces durante la estación. No mojes el centro de la roseta. Al ser plantas suculentas, capaces de retener agua en los tejidos, no necesitan mucha agua. Las hojas son coriáceas, lo que las protege de la deshidratación. Estas características les han permitido adaptarse a la aridez de las zonas de África de las que son nativas.

Un ambiente luminoso, cálido y seco: Las sansevierias necesitan luz para lucir colores más vivos, aunque se adaptan a otras condiciones. Si se cultivan al aire libre será necesario buscarles un sitio en semisombra; el sol directo puede provocarles quemaduras. Prefieren las temperaturas altas y empiezan a sufrir cuando el termómetro baja de 10º.

Escaso abono: Son plantas que provienen de tierras pobres, por lo tanto no precisan mucho abono. Durante la primavera y el verano se les puede dar guano líquido o fertilizante para plantas verdes en una dosis reducida, diluido en el agua de riego, cada tres semanas.

Libres de plagas y enfermedades: Las plagas no suelen afectarlas, en todo caso las cochinillas cerosa y algodonosa, que se deben eliminar a mano apenas se detecten. Su mayor amenaza son los hongos de pudrición que surgen a causa del exceso de humedad en el sustrato.

Trasplante y multiplicación: Como muchas suculentas, las sansevierias prefieren vivir cuanto más apretadas mejor. No obstante, cuando las rosetas son tantas que ya no caben en la maceta, o el rizoma ha empezado a escaparse por los agujeros del tiesto, habrá que trasplantarlas a un recipiente un poquito mayor, separar algunas rosetas o dividir el rizoma.

Marzo y abril son los meses ideales para hacerlo. Busca un nuevo tiesto con agujeros en la base, dispón en el fondo una capa de guijarros o puzolana volcánica, y añade un sustrato que contenga fibra de coco, perlita o turba rubia gruesa para asegurarles un perfecto drenaje. Si separas hijuelos o rosetas, déjalos en agua unas semanas hasta que emitan raíces y puedan arraigar con seguridad.

Si te apetece descubrir esta elegante y a la vez casi indestructible planta, podrás encontrarlas en nuestro Garden Center prácticamente durante todo el año.

¡Te esperamos!