La areca se abre hacia lo alto a modo de una espléndida fuente de palmas arqueadas. Sus finos y abundantes tallos amarillos expanden sus numerosos foliolos creando una masa de follaje ligero que evoca su origen tropical —Filipinas, Madagascar, el sur de la India— y una serena sensación de calma.

Como tantas plantas tropicales, esta palmera también ejerce un efecto purificador en el ambiente: funciona como un filtro natural de sustancias volátiles, en su caso formaldehído y xileno especialmente, y proporciona humedad.

Como la tan apreciada kentia (Howea forsteriana), la areca (Dypsis lutescens) pertenece a la familia de las Arecáceas. Ambas se parecen mucho cuando las plantas son jóvenes. El truco para distinguirlas es fijarse en los foliolos, en su caso mucho más finos y estrechos.

Con la kentia compite por el reinado en los salones, solo que al ser de rápido crecimiento, la areca es más asequible. También es menos delicada y más fácil de cuidar.

Otra ventaja de las arecas es la variedad de tamaños disponibles: las hay muy pequeñas, desde 40 centímetros, ideales para colocar sobre un mueble, hasta ejemplares de más de tres metros de altura y tallos de 5-7 centímetros de diámetro, que necesitan tiestos de al menos un metro de diámetro.

En nuestra sección de plantas de interior podrás encontrar ejemplares de arecas durante todo el año. ¡Te esperamos!